ABRA Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa

Phylloxera Catástrofe mundial

Durante la promulgación de la ley seca en EEUU se cerraron muchos locales. El mundo de la viticultura se enfrenta desde mediados del siglo XIX a una serie de catástrofes mundiales en forma de plagas mortíferas, guerras mundiales y crisis económicas, junto con leyes secas que pusieron en serio peligro la producción mundial de vino. En 1845, las vides del mundo empiezan a ser atacadas por un hongo del orden Erysiphales que producen en las hojas de las vides una erupción mortal denominada oidio (Uncinula necator). Finalmente la enfermedad es controlada mediante diversos agentes químicos.

 

La primera Guerra Mundial que comienza en 1914 devasta viñedos en Europa, la Gran depresión, comenzada en octubre de 1929, hace disminuir a niveles peligrosos la demanda mundial de vino, cerrando muchas industrias.

Pero de todas las desgracias que sufre el vino y la vid en su historia, la más recordada por la industria vinícola actual, marcando una frontera entre el antes y el después es, la plaga de la mosca áfida denominada Phylloxera vastratix. En América del Norte se cultivan variedades autóctonas como la vitis labrusca, la vitis rotundifolia, la Vitis munsoniana, etc. que resultan de interés a los viticultores europeos y que deciden exportar a mediados del siglo XIX hacia Europa. En 1862, diferentes cortes de estas variedades llegan al puerto de Burdeos y pronto son incorporadas a los viñedos franceses, entre estas muestras había larvas de la phylloxera. La enfermendad comienza con una pequeña mosca de color verde (apenas 2 mm) que posee un complicado mecanismo de reproducción. En otoño unas larvas se comen las raíces hasta causar la muerte de la vid. Pueden viajar gracias a los vientos, pudiendo llegar hasta los 20 km. Los viñedos del mundo se vieron afectados por esta plaga durante una década. La primera alarma saltó en 1863 en Languedoc y en los siguientes 15 años se destruyó casi el 40% de la producción francesa: la plaga se desplegaba rápido. Se cree que el verdadero problema se originó debido a la velocidad que desarrollaban los Barcos de vapor que eran capaces de cruzar el Atlántico en un tiempo que permitía "sobrevivir" a las larvas en las bodegas: antes los viajes duraban más tiempo y se hacía una especie de cuarentena natural durante el viaje.


Durante un instante de crisis, el gobierno francés puso una recompensa de medio millón de francos a quien fuese capaz de otorgar una solución de la Phylloxera. Se intentaron muchas soluciones, algunas de ellas pasaron por importar a Europa una población de insectos capaces de ingerir Phylloxera, todos los intentos fracasaron.


Uno de los botánicos que detectó en sus primeros instantes la plaga fue Jùlès Émilè Plánchón que pronto intenta, con la asistencia del colega botánico Pierre-Marie-Alexis Millardet y del entomólogo estadounidense Charles Valentine Riley, encontrar una solución. Finalmente logran obtener resultados al introducir dos especies americanas: Vitis riparia y Vitis rupestris en los viñedos franceses para realizar injertos, con lo que se logró hacer que las plantas francesas fueran resistentes a Phylloxera. Hoy en día se mantiene sin controlar la phylloxera. La única variedad europea autóctona y resistente inicialmente al ataque de la phylloxera es la Assyrtiko original de Santorini, es objeto de investigación.

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