ABRA Asociación de Bodegas de Rioja Alavesa

Imperio Romano

El vino entró en la península de Italia en el 200 a. C. y pronto fue muy popular ya que al sur de la península la denominaron "Oenotria" ("tierra de uva"), con ello se indicaba lo adecuado que resultaba su cultivo. Los romanos tuvieron como aporte en la tecnología del vino el haber comenzado con la técnica del injerto en las cepas de las vides. El efecto de divulgación del vino que hizo el imperio romano fue muy extenso en Europa ya que plantó viñas en todos los territorios ocupados, llegando a tener viñedos incluso por encima de los 55º de latitud, en Normandía, Flandes, norte de Alemania y los países bálticos.

El vino fue substituyendo a otras bebidas alcohólicas fermentadas como la hidromiel (hydromeli) o el aqua mulsa. Los romanos no fueron muy aficionados a la cerveza.

Los romanos continuaron con la tradición egipcia de almacenar y transportar el vino en ánforas selladas, pero sin embargo empezaron igualmente a emplear cubas de madera (un invento procedente del norte de Europa) y que posteriormente durante muchos siglos llegó a ser un recipiente estándar para almacenar y transportar el vino. Tenían la ventaja de ser más ligeras y menos frágiles, pero no eran capaces de mantener un vino de calidad durante años. Cada año hacían la vendimia y en ella participaban los esclavos que se dedicaban a pisar los racimos. Mientras realizaban esta operación pesaba sobre ellos la prohibición de comer y beber. El primer mosto obtenido se reservaba y se mezclaba con miel para realizar el mulsum: esta bebida se servía al comienzo de los banquetes. El resto se dejaba fermentar en grandes tinajas de barro que denominaban dolia. El dolium era una gran tinaja enterrada hasta el cuello en el suelo para poder facilitar el control de temperatura. Tras el fermentado, el vino era tratado por el vinatero, que le proporcionaba aromas. Los romanos preferían el vino blanco.  Por esta razón, los vinos tintos se blanqueban, se les añadían productos para clarificar el vino tras la fermentación: cola de pez, polvo de mármol, clara de huevo, gelatina y, en algunas ocasiones, hasta sangre de cerdo. Las ánforas se dejaban envejecer, no en bodegas como se hace en la actualidad, sino en habitaciones altas de la casa (denominadas apotheca) generalmente cerca de las salidas de la chimenea lo que daba al vino un aroma a ahumado que gustaba mucho. En algunas ocasiones se realizaban maceraciones con hierbas aromáticas, similares al procedimiento de obtención del vermut. El gusto de los romanos hacía que algunos de los vinos, tras la fermentación, se hicieron madurar en ánforas entre 15 a 25 años.


El uso de botellas de vidrio no comenzó hasta el primer siglo de nuestra era. La industria del vidrio romano era algo primitiva y los recipientes eran irregulares. En alguna ocasión se empleaban botellas y sus bocas se cerraban con yeso o escayola. Los patricios bebían en copas de cristal como indicativo de lujo: la cristalería era por aquella época indicativo de riqueza y poder. La fragilidad del vidrio lo hacía poco útil para la mayoría de los romanos, por esta razón la mayoría de las veces el vino se transportaba en cántaros, vasos de madera o de metal. A pesar de todo, con el uso de la botella, vino el uso del tapón de corcho, que se empleaba junto con yeso.


Debido a la densidad de los vinos romanos, éstos se aguaban al igual que anteriormente hacían los griegos, en una proporción de dos terceras partes de agua y una de vino. Se aceptaba la importación de otros vinos, como el griego, el egipcio, el proveniente de hispania, y su comercialización daba lugar a negocios muy productivos. Entre los vinos se puede decir que las clases bajas tomaban un vino tinto, denominado deuterio, groseramente elaborado, que se estropeaba al poco tiempo. Entre los vinos más apreciados se encontraba el falerno que se hacía envejecer hasta veinticinco años (en dos variedades seco y dulce) y el albano que llegaba a los quince años de maduración.


Durante la época de Catón el Viejo, tan austero como los espartanos, famoso por beber tan sólo agua, el nombre griego de Dionisios se tradujo a Baco. El cultivo de la vid así como la elaboración del vino llegó a Galia por Marsella. Los galos conservaban el vino en barricas de madera. No solían mezclar el vino con agua y al vino puro lo denominaban merum. A veces le daban cierto sabor amargo con zumo de aloe vera.

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